ALQUIMIA INTERIOR

Integrando masculino ∞ femenino

Estamos viviendo una época donde el mensaje que de alguna manera estamos recibiendo es que lo masculino y lo femenino se tiene que equilibrar. Que las mujeres se tienen que empoderar y que para que ello suceda, lo masculino tiene que perder poder, para que de algún modo pueda darse este balance, pero esto no es así.

Que las mujeres se empoderen no tiene nada que ver con que los hombres pierdan poder, sino que tiene que ver con que AMBOS se erijan en su poder. Así es como se restablecerá el equilibrio.

Y pensaréis ¡¡¡¡¿Cóoooomo????????!!!!, ¡¡¡durante miles de años el hombre ha estado controlando el mundo como lo conocemos!! ¡Teniendo el poder!. Esto no es verdad en absoluto.

Lo masculino ha estado des-empoderado durante miles de años. Para ser más exactos, los hombres han robado el poder a las mujeres durante milenios.

Hay una gran diferencia entre tener poder y tomar poder.

Cuando tú le quitas el poder a otro por la fuerza, subyugación, control, abuso, obligación etc… no estás aumentando tu poder ni un solo gramo.

Permaneces en tu ausencia de poder, mientras le quitas el poder a otro. Esto es lo único que hace parecer que tienes más poder que el otro. Pero tú no eres poderoso porque otro es débil.

Por miles de años, más de 5000 años de patriarcado, lo masculino ha sido tratado como “el enemigo”, pero porque en realidad no conocemos el Divino masculino, que son las cualidades masculinas sublimadas, sino su sombra, su lado oscuro: la jerarquía competitiva en la que sólo puede haber uno arriba, el pensamiento vertical, un tipo de pensamiento comparativo donde uno es mejor que o peor que el otro… así es como nace la lucha de poderes, o las religiones monoteístas, cuando un único dios monoteísta se convirtió en la fuente de la vida y la esperanza para la salvación, las características femeninas de fertilidad, creación, destrucción y vida, fueron vistas como cualidades masculinas y la feminidad fue empequeñecida y los hombres, ahogándose en las partes oscuras de la masculinidad  gobernaron la Tierra.

Gobernaron con dominación, control y patriarcado, cosas que no tienen nada que ver con la masculinidad divina. Ni con estar empoderado.

Lo masculino Divino representa:

-Acción

-Dirección

-Movimiento

-Paternidad

-Generosidad

-Estímulo

– Abundancia material

-Responsabilidad

-Fuerza

-Concentración

-El Sol

-Claridad

-Inteligencia

-Autoridad (en su forma más pura)

-Transformación

-Crecimiento

Creo que las mujeres han cometido un grave error al decidir querer hacerles a los hombres lo mismo que nos hicieron a nosotras. Por supuesto es absolutamente comprensible porque nos hemos pasado la mayor parte de nuestras vidas des-empoderadas con respecto a los hombres.

Nos hemos sentido y hemos sido tan abusadas que el paso natural es hacia la ira y la venganza, es un tránsito necesario, y nos encontramos en un momento en el que sí, hay muchísima misoginia, pero también hay  muchos hombres que tienen miedo de encarnar su masculino, porque se avergüenzan de lo que sus pares han hecho en el pasado, y temen convertirse en monstruos.

Hay una grandísima herida en el inconsciente colectivo operando desde la sombra.

Muchos hombres asocian el poder masculino como algo negativo, en vez de positivo, y también se desconectan de su masculinidad. O necesitan encarnar su poder masculino a través de actos absolutamente destructivos, como vemos continuamente en nuestra sociedad.

En mi caso personal, yo me desconecté de mi feminidad, no sólo por mis propias experiencias y vivencias de abuso, abuso emocional, control y subyugación, sino porque además me encontré con una gran herida de vergüenza relativa a ser mujer. Una herida de vergüenza que había ido atravesando capa tras capa, generación tras generación, pasando por mi bisabuela, abuela, tías, madre, hasta mí. Incluso renegaba de mi cuerpo y durante mucho tiempo deseé haber nacido siendo hombre.

El proceso de sanación pasó por muchas etapas y fases, desde sentir la ira más absoluta, el rechazo más brutal hacia los hombres y cómo me habían hecho sentir en el pasado. Cómo me habían hecho sentir que algo no estaba bien en mí, que no estaba bien ser una mujer.

De hecho, al sentirme desconectada de mi feminidad, me sentía más masculina. Me identifiqué con un modelo masculino de ser y de operar. Me había creído que eso era poder, y me daba sensación de tener control y poder sobre mi vida.

Percibía mi feminidad como debilidad, vulnerabilidad. Algo que se podía usar y abusar. Mi cuerpo no era mío. Era un objeto.

Me endurecí.

Me hice enemiga de mi género. Y a pesar de todo, cada mes, mi cuerpo sangró, recordándome mi feminidad, mi capacidad, mi poder.

Y además en mi vientre, mi útero enfermó, como habían enfermado los úteros de mi madre, de mis tías, de mi abuela.

Así fue como mi cuerpo me despertó a mi feminidad.

Así fue como me hizo recorrer el camino de regreso a mí.

A ellos les ha pasado lo mismo.

Muchísimos hombres rechazan su masculinidad.

No tienen ni idea de lo que es.

¿Qué es ser un hombre?

¿Qué es ser una mujer?

Es la misma pregunta para ambos.

Estamos en esta permanente lucha relativa a nuestro género y así perpetuamos la lucha de poder, queriendo despojar de poder al otro para poder sentir que lo tenemos.

Al final esto hace que no nos sintamos atraídos por esa polaridad a la que hemos despojado de poder.

Los hombres que quieren quitarle el poder a las mujeres se dan cuenta luego que NO se sienten atraídos hacia mujeres débiles, ignorantes, pasivas o subyugadas.

Las mujeres le quitan el poder a los hombres y los castran y se dan cuenta luego que NO respetan ni se sienten atraídas hacia niños grandes des-masculinizados y confundidos.

No nos sentimos atraídos por la debilidad del otro.

Sólo queremos debilidad en el otro cuando nosotros mismos nos sentimos inseguros y des-empoderados.

Esta polaridad sirve a nuestra expansión y no puedes resistirte a lo que eres y encontrar equilibrio a la vez.

Muchos hombres se identifican con su femenino  porque se resisten a su masculinidad.

Y muchas mujeres se expresan desde una más que evidente energía masculina porque se resisten a su feminidad y al tremendo poder que de ella deriva.

Es algo que puede apreciarse muy claramente desde fuera.

¿Cómo salimos de este círculo vicioso?

Abrazando lo que estamos resistiendo.

Expresando la naturaleza de nuestra polaridad, que es masculino y femenino. Y esto es algo que nunca se ha hecho.

No hemos experimentado como especie ningún momento en nuestra evolución en el que ambos géneros hayan desplegado su máximo potencial, en el perfecto balance de los opuestos, donde cada uno contiene algo del otro, manteniéndose en un permanente flujo armónico.

Hay una creencia y una presión social que empuja hacia que este equilibrio se instaurará una vez lo femenino se alce y la tiranía del poder masculino caiga. Entiendo que esto pude ser muy difícil de comprender ahora para muchos, pero es tiempo de que tanto lo divino femenino como lo divino masculino encuentren su poder inherente, y precisamente, eso es lo que estamos viviendo en este momento histórico.

Los hombres necesitan aprender a ser hombres y las mujeres necesitan aprender a ser mujeres. Esto pasa por dejar de enfocarse en lo que el otro está haciendo, pensando, sintiendo para devolvernos el foco. Hemos pasado tanto tiempo fuera, con la atención y la energía en lo que el otro nos está haciendo, quitando, lo que está necesitando, que nos olvidamos permanentemente de que la respuesta está siempre dentro de nosotros.

Si necesitas abrazar los aspectos de quien eres, como hombre o como mujer, deja de pensar en el otro y empieza a conectar con tu poder.

Es momento de que lo divino masculino se alce en todo su esplendor igual que es tiempo de que lo divino femenino se alce en todo su poder y su esplendor.

Lo Divino masculino es quien va a dar el soporte al proceso de nacimiento de la nueva Tierra, que está siendo llevado a cabo por nosotras, las mujeres, a medida que vamos encarnando e integrando nuestro Divino femenino. Se trata de una co-creación.

El anhelo del otro es el anhelo del otro en mí.

Hagamos el trabajo.

Cada uno.

Juntos.

Que estéis bien,

Lorena

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1 Comment

  • Pilar M
    2 julio, 2018 at 7:11 pm

    Gracias por tan vital información.
    Yo he vivido experiencias no placenteras por causa de desear ser lo que soy: una mujer.
    Y definitivamente he visto y vivido como los hombres que no abrazan y resisten su masculinidad… rechazan a la mujer que aparenta ser “débil “ no les atrae y la confusión conlleva a que las relaciones no sean substanciales y duraderas.

Me encantaría saber tu opinión

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