Mujer Alquimia · Alquimia interior

Miguel C.

“Hace dos años te escribí  pidiéndote… realmente no sabía lo que te pedía porque estaba perdido y fuiste tú quien desinteresadamente pediste que me desnudara emocionalmente. No tenías por qué escuchar mis angustias pero lo hiciste y además me ayudaste. Gracias por ayudarme sin tener que hacerlo, ese día de abril que contacté contigo podrías haberme despachado con unos cuantos enlaces a páginas de meditación, pero no, aun estando en viaje de trabajo empleaste parte de tu tiempo en tratar de ayudarme. Te hice caso al principio, iba anotando en un diario las sensaciones que tenía cada día, luego, el mero hecho de pensar qué tenía que escribir me era suficiente para darme cuenta de cómo estaba.

“No somos salvadores de nadie”, esa frase tuya fue clave para que reaccionara. No eres consciente de lo que esa frase ha cambiado mi forma de enfocar el mundo. Me estaba rompiendo por dentro por tratar de sostener todo y a todos, hasta que tomé conciencia de que en ciertas situaciones anteponerse uno mismo al resto no es signo de egoísmo sino de quererse, de cuidarse para estar bien y si uno está bien eso se transmite a lo que te rodea.

Ahora pasado este tiempo, quiero que sepas que en de alguna forma siento que he crecido. Fuiste uno de los catalizadores de la gran decisión que tomé el año pasado. Me he casado con  mi mejor amiga y la mujer que quiero. Me siento agradecido por haberte encontrado, porque sin ti difícilmente hubiera conseguido el estado actual en el que me encuentro (muchas personas que me ven estos meses dicen que notan mi rostro más relajado y que mi mirada es otra). ”

Miguel C.