Mujer Alquimia · Alquimia interior
Mujer ALquimia
ALQUIMIA INTERIOR

No le debes a nadie una explicación

No estás obligada a atender a las personas que se niegan a asumir la responsabilidad de sus vidas interiores.

No eres la enfermera de las heridas del corazón de nadie.

Tú decides quién tiene acceso a ti.

Tú decides lo que es correcto para ti y lo que no es adecuado.

Tú eres la autoridad sobre tu propia energía.

No le debes a nadie una explicación.

No eres el  vertedero de nadie.

No eres su pantalla de proyección.

No eres su canguro emocional.

No eres su madre.

No eres su consejera.

Ni su sanadora.

Ni su muñeca.

No eres su juguete.

Ni su puta.

Ni su Diosa.

Muchas sentimos de pequeñas que estábamos a merced de la marea. Que no había nadie al volante de nuestras familias. Por tener padres inaccesibles emocionalmente, o ausentes, o inmaduros o que, por lo que fuera, por las experiencias vividas, no nos transmitieron seguridad.

Nos sentimos terriblemente SOLAS.

Y del susto, todo nuestro sistema nervioso se reconfiguró hacia un estado activado permanentemente de “hiper-vigilancia” que responde al modelo de lucha-huída porque si  pasaba algo, no había nadie allí para hacernos sentir seguras, y teníamos que estar permanentemente “preparadas”. Imaginad qué tensión nerviosa.

Como mecanismo de supervivencia pudimos desarrollar  la máscara de “todo está bien”, “no pasa nada”,  “mira la sonrisa de mi cara”, que nos permitió mantener el dolor de la soledad de nuestra infancia fuera de nuestra conciencia para que pudiéramos seguir desarrollándonos como adultas.

Esta máscara tiene diferentes apariencias: La rebelde, la niña alegre y payasa, la solitaria, o “la niña buena” entre otras.  Fuera cual fuera, todas las máscaras tienen el mismo cometido: Bloquear todo el dolor posible de nuestra infancia.

 Yo me especialicé en desarrollar la máscara de “la niña buena y graciosa”: Experta en agradar a los demás, hacer todo lo que me decían, obtener aprobación y asumir el trabajo emocional de mi entorno.

Para estas niñas, la aprobación externa significa supervivencia. Su sentido básico de seguridad se relaciona con ser queridas. Y es el caldo de cultivo para  una baja autoestima, pésimos  límites y un profundo sentimiento de vergüenza.

En las familias disfuncionales, las “niñas buenas” son elogiadas por ser invisibles, permanecer calladitas, portarse bien y por su disposición a tolerar un tratamiento más que deficiente.

A menudo son criticadas, juzgadas, rechazadas o abandonadas cuando dicen que NO y su deseo de autonomía e independencia es avergonzado.

Para las mujeres que crecieron con el patrón de la “niña buena”, hay una gran sensación de “sentirse utilizadas”, una sensación de tener que esforzarse siempre muchísimo y una sensación muy grande de vacío subyacente.

Desarrollan el siguiente pensamiento mágico infantil del que ya me habéis oído hablar: “Algún  día, mamá y papá me darán lo que necesito”.

El problema es que ese día nunca llega. Es una utopía. Es un tren que nunca va a pasar por aquí, y terminan siendo mujeres que experimentan altos niveles de estrés e hipervigilancia cuando se enfrentan a situaciones cotidianas como decepcionar a alguien, recibir halagos, establecer límites o cuidarse a sí mismas sin sentir culpa.

Nos enseñan que para sobrevivir tenemos que actuar para el hombre patriarcal.

Muchas “niñas buenas” o “hijas parentificadas” vieron a sus madres consentir el comportamiento masculino tóxico, ya sea encarnándolo en ellas mismas o viéndolas tolerarlo en los hombres de nuestras familias, o ambos.

Aprendimos a internalizar creencias dañinas como “mi supervivencia depende de mi dependencia”, “podría perder su aprobación si no me entrego” ,”para ser capaz, tengo que invisibilizarme” o “mi opinión no cuenta”,”no soy importante”.

Vimos a nuestras madres teniendo que depender de migajas de aprobación de hombres ignorantes e irrespetuosos. Vimos a otras mujeres mayores tolerar la ineptitud y el abuso en silencio. Sufrimos cuando nuestras madres nos invadieron o se retiraron de nosotras por su propia privación.

Pero para poder recuperarnos de esto, es importante ver y reconocer nuestra complicidad inconsciente  y reclamar ferozmente nuestra auto-soberanía.

Durante años confundí el “amor” con la recompensa por traicionarme a mí misma.

Me querían no por lo que era, SIN MÁS, sino por las mentiras que protegía, las cosas que conseguía (logros) y las cómodas ilusiones que perpetuaba.  Cuando dejé de hacerlo, me rechazaron: “¡No quiero saber nada de ti!”, “¡Tú no eres mi hija!”, “¡No te reconozco!”, “Estás cambiando”….. y tanto que sí.

El mensaje subyacente era “Que te aprobemos depende de cuánto nos protejas de nuestro propio dolor”, es decir: vuelve a tu papel de recogedora de residuos emocional. No cuestiones. No urgues en nuestras heridas.

En un sistema disfuncional no se te valora por lo que eres, sino por la función que desempeñas.

 ¿Qué nos mantiene en este bucle? Nuestra necesidad de ser necesitadas, nuestra necesidad de ser queridas y nuestra necesidad de evitar el conflicto.

Hasta que  te sientes  saqueada, abusada, vaciada, devastada. Dejas que tomen todo lo que quieran, con la esperanza de que un día se llenen y te den lo que necesitas.

Qué locura.

Ese día nunca llega.

La “niña usada” anhela ser amada por quien ES

La “niña usada” dentro de nosotras desea ser amada no solo cuando usa la máscara de la “niña buena” que demuestra valores patriarcales (ser productiva, perfecta, conforme a las expectativas, sacrificando, limitando, suprimiendo, etc. ).

La niña usada desea ser amada cuando se equivoca, cuando decepciona, cuando siente ira, cuando está de mal humor, cuando es impertinente, inconveniente, desordenada, cuando está confundida, cuando no produce nada, cuando es inconsistente, cuando tiene las manos vacías, cuando cambia de opinión, cuando es incoherente  etc.

Pero la pregunta es:  ¿Cuánto estamos dispuestas a amarnos a nosotras mismas cuando somos todo eso?

Ahí es donde surge el verdadero amor. En la medida en que podemos amarnos a nosotras mismas por nuestro YO REAL, con TODO lo que es, porque TODO ES REAL, y TODO eso eres tú también.

La necesidad de ser rescatadas

Es una ilusión infantil. Es un tipo de fantasía de nuestra niña interior herida que está cansada de ser usada y anhela el rescate. Normalmente esta fantasía viene proyectada por  la figura de un padre estricto y autoritario o de un hombre y se extiende a hombres que resuenan con él.

Pero en realidad, no es un refugio de seguridad lo que busca la adulta, es una forma de ocultarse; esconderse de la responsabilidad de enfrentar la realidad de su dolor.

Nuestra tarea es desarrollar la figura del padre/madre amoroso dentro de nosotras  para que nuestra niña interior sane el trauma congelado de nuestro pasado. Esta es la forma de recuperar nuestro poder.

Negarse a ser utilizada: límites y reacción

A menudo, cuando se establecen límites firmes en las familias o sistemas patriarcales, existe una reacción violenta como respuesta.

En mi caso, mis límites eran vistos como un ataque personal, como una sobre-reacción, como algo patológico, porque para los miembros de mi familia, el nivel de empoderamiento que estaba demostrando era tan extraño, que era ridículo. Siempre he sido vista como excéntrica. Lorena y sus cosas.

Y es lo habitual, porque muchas personas han sido tan saqueadas, tan desprovistas de cualquier sentido de auto-pertenencia que nuestros NO amenazan los cimientos de su frágil identidad.

Un “NO” alto y claro puede sacudir la delgada capa que cubre su propio dolor, que se siente insoportable y que debe desviarse a toda costa.

No tomes la reacción como algo personal. Mantente firme.

No estás obligada a hacerte cargo de las personas que se niegan a asumir la responsabilidad de sus vidas interiores.

Honrando nuestra ira

Siempre digo que la ira es sagrada.La ira es una parte esencial de nuestra transformación. Es fuego alquímico.Permítete sentir la ira por las veces que has sido usada y por todas las veces que otros se han sentido con derecho a ti de alguna manera.

Permite que esa ira genere nuevas elecciones que reflejen un alto grado de autoestima y amor propio.

Llegar a una mayor conciencia siempre implica cierto grado de dolor.

Tenemos que ser valientes para abrazar nuestro dolor, sostenernos en él, porque este es la capa exterior de nuestra verdad interior, nuestra conciencia libre.

Tenemos que reclamar ferozmente nuestro lugar y nuestro espacio dondequiera que nos encontremos en cualquier forma que podamos. 

Las oportunidades para recuperar nuestro poder están en nosotras y a nuestro alrededor.

Y cuando tomamos estas oportunidades de empoderamiento, permitimos esto también para otras.

Yija!

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