ALQUIMIA INTERIOR

Límites: dónde empieza y termina tu espacio personal

El tema de los límites me apasiona.

Como empática y psíquica he tenido que trabajar muchísimo en delimitar claramente el perímetro emocional y psíquico de lo que era o no era mío.

Cuando establecemos un límite estamos llevando a esa persona de vuelta a sí misma. Las personas que tienen problemas para establecer límites siempre tienen problemas con los límites que otros les ponen, obvio.

No entienden por qué, si ellos permiten que cualquiera salte a su jardín y les cojan las manzanas, no pueden ellos saltar al tuyo y coger tus lechugas. Es así: No entienden por qué si ellos dejan que cualquiera se salte sus propios límites no pueden ellos traspasar los tuyos. Es un lenguaje energético inconsciente y muy sutil y ellos sencillamente, no hablan ese idioma.

Los límites son líneas sagradas de protección alrededor de nuestros cuerpos físico, mental, emocional, energético y espiritual.

No se establecen para repeler, sino para delimitar tu Tierra sagrada.

Eso es sano, es saludable, es auto-cuidado y es auto-respeto. Cuando no conoces ni respetas tus propios límites, te vas a encontrar con personas y situaciones que no sólo no los van a respetar tampoco, sino que tratarán de traspasarlos una y otra vez en un intento de la Conciencia por ayudarte con esta asignatura pendiente.

No tienes que justificar ni dar explicaciones acerca de dónde empieza o termina tu espacio personal.

Enviar a la persona que lo está intentando traspasar de vuelta a ella misma suele resultar en incomodidad y malestar por su parte, y a la vez es una tremenda oportunidad de, en ese espacio SUYO, poder revisitar a la niña que se sigue sintiendo herida y rechazada porque una vez más sus necesidades no están siendo satisfechas.

Así que te mostrarán su hostilidad, te apuntarán con el dedo acusador, te juzgarán. A veces, el mensaje es mucho, mucho más sutil. Otras te dirán que eres esto o aquello porque no les dejas entrar, porque no satisfaces su necesidad.

Siempre se trata de una necesidad insatisfecha que quieren satisfacer a través de ti.

Mira, la realidad es que no tienes por qué invitar a todo el mundo a tu fiesta.

No somos responsables de las emociones, reacciones ni procesos de nadie y está por destino hacerles daño.

Sí, somos humanos, es nuestra naturaleza, es inevitable. En algún momento, no importa lo que hagamos, tarde o temprano vamos a herir a alguien, sería más apropiado decir que vamos a recordarle su dolor, porque venimos heridos de serie.

Vamos a decepcionarles, por nuestra actitud, por ser quienes somos, por SER… pero resulta que no hemos venido a satisfacer las expectativas de nadie acerca de nosotros, sino a expresar nuestra única individualidad y esencia.

Cada vez que ignoramos nuestras propias necesidades para satisfacer las de los demás:

1) Nos estamos violando a nosotros mismos, estamos violando y saqueando nuestro espacio Sagrado y

2) Le estamos dando al otro el mensaje inconsciente de que no es capaz de satisfacer sus propias necesidades. Que no tiene acceso a su propia Fuente interior. Que no es capaz de hacerse cargo de sí mismo. Que no puede sostener la carga de sus propias emociones y de su propio proceso personal. Le quito poder.  

Le desempodero aún más, haciéndome cargo de lo suyo y de paso a mí me doy un falso sentido de ser. Me pongo en modo rescatadora. La buena samaritana. Una ONG.

Me dreno energéticamente. Me agoto. De hecho, me pongo a sobre-funcionar, polarizándome en mi energía masculina y como resultado me endurezco y los límites permeables que me hacen accesible se convierten en muros infranqueables que me desconectan de los otros y de la misma Fuente y entonces me siento frustrada, más cansada y la ira que me provoca esto, como no encuentra salida porque mis límites psíquicos son de hormigón armado, se vuelve  hacia mí misma.

Como salida, busco franquear los límites de otros para descargarme toda esta energía, porque si otros lo hacen conmigo entonces yo también puedo hacerlo con ellos.

Muchas personas no están enraizadas en sus cuerpos (la mayoría). No los sienten como contenedores seguros y fiables. Les temen. Inconscientemente buscan esa contención energética. Buscan que su energía sea contenida y traspasan los límites personales de otros.

Es algo así como si fueran una vasija agrietada que gotea y  buscan la integridad de tu propia vasija vertiendo su energía en ella y estableciendo cordones energéticos que les dan el sentido de seguridad que no tienen y necesitan. Cuando nos cargamos con esto que no es nuestro, además de sentirnos drenados, nos sentimos confusos porque nuestra vasija termina siendo un collage de información energética y no distinguimos qué es nuestro y qué no.

Esto es especialmente habitual en Personas Altamente Sensibles (PAS), intuitivas y psíquicas.

La base de esto también es lo que sucede en nuestros encuentros sexuales, cuando no los cuidamos  y en cómo en nuestro útero, como centro energético, se acumula todo tipo de basura psíquica. Pero esto es tema a desarrollar en otro post.

Las personas que más problemas tienen a la hora de poner límites son las que más problemas tienen cuando se los pones.

Recuerda que tus límites están siempre justificados, y que no debes explicaciones ni disculpas. La respuesta del otro no tiene que ver ni contigo ni con tus límites, sino con una necesidad no satisfecha, una herida primaria que quiere reparar a través de ti, y en esto tú tienes la última palabra.

Siempre.

Que estés bien,

Lorena

1 Comment

  • Carol
    7 marzo, 2019 at 6:55 pm

    Hola Lorena, gracias por tu artículo. Para mí, en estos momentos muy útil y muy oportuno, pues en esta misma semana 3 espejitos me han mostrado que todavía no tengo esto de los límites claro ni en su sitio y he visto que aunque ya atiendo a mi sentir, posteriormente, lo pongo en duda, racionalizo, me siento culpable y no sé cuantas cosas más. Me doy cuenta de que viene de mi infancia. Soy PAS y siempre he tenido problemas con esto. Gracias de nuevo.

Me encantaría saber tu opinión

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