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METAFÍSICA

Física cuántica: Creando nuestra realidad

Por lo visto, está en la naturaleza humana evitar cambiar las cosas hasta que las cosas se ponen tan feas y nos sentimos tan mal que ya no podemos seguir como de costumbre. Tenemos que sufrir una crisis, un trauma, una pérdida, una depresión, una enfermedad o una tragedia para ponernos a analizar quién somos, qué estamos haciendo, cómo estamos viviendo, qué estamos sintiendo, en qué creemos o qué sabemos para cambiar de verdad.

A menudo tiene que darse la peor situación posible para que empecemos a hacer cambios positivos en nosotros, para nuestra salud, relaciones, profesión, familia y futuro, pero ¿Por qué esperar a que esto ocurra?

Podemos aprender y cambiar en un estado de dolor y sufrimiento, o evolucionar en un estado de felicidad e inspiración, siendo conscientes.

En el pasado los físicos dividieron el mundo en materia y pensamiento y más tarde en materia y energía. Cada uno de estos pares se consideraba totalmente distinto uno del otro, pero no lo son. Esta dualidad mente/materia conformó nuestra visión del mundo según la cual la realidad estaba básicamente predeterminada y podíamos hacer muy poco para cambiar las cosas con nuestras acciones y menos aún con nuestros pensamientos.

Actualmente, consideramos (o al menos muchos sí lo consideramos), que formamos parte de un inmenso campo invisible de energía que contiene todas las realidades posibles y que responden a nuestros pensamientos y sentimientos. Al igual que los científicos están estudiando la relación entre pensamiento y materia, nosotros estamos deseando hacer lo mismo en nuestra vida, y nos preguntamos si realmente podemos  crear con nuestra mente nuestra propia realidad.

¿Es una habilidad que puedo aprender y usar para convertirme en quien quiero ser y crear la vida que quiero vivir?

Todos podemos crear nuestro propio destino, todos cosechamos los beneficios de nuestros esfuerzos constructivos. Nuestros pensamientos influyen en nuestra vida.

Todo lo que existe en el universo físico está hecho de partículas subatómicas como los electrones. Por naturaleza, estas partículas, cuando existen como puro potencial, están en estado de onda mientras no son observadas. Potencialmente son “todo” y “nada” hasta que las observan. Existen por todas partes y en ningún lugar hasta que son observadas. Por lo tanto, todo lo que existe en nuestra realidad física existe como puro potencial. Esta es la famosa Teoría del Observador.

Si las partículas subatómicas pueden existir de forma simultánea en una infinidad de posibles lugares, somos en potencia capaces de colapsar en una infinidad de posibles realidades. Es decir, si puedes imaginar un acontecimiento futuro en tu vida basándote en cualquiera de tus deseos, esta realidad ya existe como posibilidad en el campo cuántico, esperando a que la observes.

Si tu mente puede influir en la aparición de un electrón, en teoría también puede influir en la aparición de cualquier posibilidad.

Esto significa que el campo cuántico contiene una realidad en la que estás sano, estás bien  y eres feliz y que ya posees todas las cualidades y capacidades de tu yo ideal en el que piensas.

Tu mente moldea la energía de las posibilidades infinitas como si se tratara de arcilla. Y si la materia está hecha de energía, tiene sentido que la conciencia y la energía estén íntimamente ligadas, que sean lo mismo.

Mente y materia están entretejidas. Tu conciencia (mente) afecta a la energía (materia) porque tu conciencia es energía y la energía tiene conciencia. Eres lo bastante poderoso como para influir en la materia porque a nivel básico eres energía con conciencia. ¡Eres materia consciente!.

En el modelo cuántico, el universo físico es un campo de información inmaterial, interconectado y unificado, que en potencia lo es todo pero físicamente no es nada. El universo cuántico está esperando a que un observador consciente ( tú o yo) llegue e influya en la energía en forma de materia potencial con su mente y su conciencia, que son en si mismas energía, para que las ondas de probabilidades energéticas se manifiesten en materia física. Al igual que la onda de posibilidad del electrón se manifiesta como partícula en un hecho momentáneo en concreto, nosotros, los observadores, podemos hacer que una partícula o grupos de partículas se manifiesten en experiencias físicas en forma de acontecimientos en nuestra vida.

Esto es crucial para entender cómo puedes producir un efecto o hacer un cambio en tu vida. Cuando aprendes a mejorar tu capacidad de observación para afectar tu destino, ya estás en camino de vivir la versión de tu vida al convertirte en la versión idealizada de ti…claro que igual que nosotros podemos, los demás pueden. En nuestra ecuación no hay una sola variable.

Como todo cuanto existe en el universo, nosotros también estamos conectados a un mar de información que se encuentra en una dimensión más allá del tiempo y el espacio. En el campo cuántico, no necesitamos estar en contacto con ningún elemento físico, o ni siquiera cerca de él para afectarlo o para que nos afecte. El cuerpo físico se compone de patrones energéticos organizados o de información, que forman una unidad con todo cuanto existe en el campo cuántico.

Tú, como todo el mundo, emites un patrón de vibración energético o una impronta. En realidad, toda la materia está emitiendo siempre un determinado patrón energético. Y esta energía acarrea una información. Tus cambiantes estados mentales modifican de manera consciente o inconsciente esta impronta a cada instante porque no eres sólo un cuerpo físico, sino también una conciencia valiéndose de un cuerpo y un cerebro para expresar distintos estados mentales.

Otra forma de ver la interconexión entre los seres humanos y el campo cuántico es por medio del concepto del entramado cuántico o la conexión no local cuántica. Básicamente, en cuanto dos partículas se vinculan de algún modo, siempre estarán unidas más allá del espacio y el tiempo. Por eso, todo lo que se haga con una se hará con la otra, aunque estén separadas en el espacio. Y como los seres humanos también estamos hechos de partículas, estamos implícitamente conectados más allá del espacio y el tiempo. Lo que hacemos a los demás, nos lo hacemos a nosotros mismos (ley del Karma). Si puedes asimilar esto, tendrás que aceptar que ese “yo” tuyo que existe en un probable futuro ya está conectado a tu “yo” actual, en una dimensión más allá del tiempo y el espacio.

PENSAMIENTOS + SENTIMIENTOS = RESULTADOS EN LOS TUBOS DE ENSAYO

Nos comunicamos con el campo cuántico sobre todo por medio de los pensamientos y sentimientos. Como nuestros pensamientos son en sí mismos energía, son uno de los principales medios con los que enviamos señales al campo.

Glen Rein, biólogo celular, creó una serie de experimentos para comprobar la capacidad de los sanadores de afectar los sistemas biológicos. Como el ADN es más estable que sustancias como las células o los cultivos bacterianos, decidió que los sanadores sostuvieran tubos de ensayo que contenían ADN.

Este estudio tuvo lugar en el Centro de Investigación HeartMath de California. Los científicos del centro habían estado realizando investigaciones extraordinarias sobre la fisiología de las emociones, las interacciones entre corazón y cerebro y muchas otras más. Habían descubierto, junto con otros investigadores, que existe una relación entre los estados emocionales y el ritmo cardíaco. Cuando tenemos emociones negativas (como la ira y el miedo), el ritmo cardíaco se vuelve desacompasado y desorganizado. En cambio, emociones positivas (como el amor y la felicidad) generan patrones sumamente regulares y organizados a los que los investigadores del HeartMath llaman coherencia cardíaca.

En el experimento del doctor Rein, se estudió primero a un grupo de diez sujetos habituados a aplicar las técnicas del HeartMath en las que uno se concentra en el corazón para aumentar la coherencia cardíaca. Los participantes, valiéndose de estas técnicas, generaron sentimientos intensos y elevados como el amor y el agradecimiento, y después durante dos minutos sostuvieron los tubos de ensayo con muestras de ADN suspendidas en agua des-ionizada. Pero al analizar las muestras, no se apreció estadísticamente ningún cambio importante en ellas. 

Un segundo grupo de participantes entrenados hizo lo mismo, pero en vez de generar sólo emociones positivas (un sentimiento) de amor y agradecimiento, las combinaron con la intención (un pensamiento) de enrollar y desenrollar las hebras de ADN. Este grupo produjo estadísticamente cambios importantes en la forma de las muestras de ADN. En algunos casos el ADN se enrolló y desenrolló hasta un 25 %.

El tercer grupo de sujetos entrenados mantuvo la clara intención de cambiar el ADN, pero les dijeron que no entraran en un estado emocional positivo. Es decir, sólo utilizaron el pensamiento (la intención) para afectar a la materia. ¿El resultado? las muestras de ADN no experimentaron ningún cambio.

El estado emocional positivo del primer grupo de participantes no modificó el ADN. El otro grupo, que generó una intención sin acompañarla de una emoción, tampoco lo alteró. Los únicos que lograron producir el efecto deseado fueron los participantes que pensaron en un objeto claro y lo acompañaron con una emoción elevada.

Un pensamiento en forma de intención necesita un elemento energizador, un catalizador: y esta energía es una emoción elevada.

El corazón y la mente actuando como uno.

Los sentimientos y los pensamientos unidos en un estado del Ser. Si un estado del ser puede enrollar y desenrollar hebras de ADN en dos minutos, ¿qué nos está mostrando sobre nuestra capacidad de crear una realidad?.

El experimento del HeartMath demuestra que el campo cuántico no responde simplemente a a nuestros deseos: nuestras peticiones emocionales.

Ni tampoco a nuestras intenciones: nuestros pensamientos. Sólo nos responde cuando estos dos factores son afines o coherentes, es decir, cuando emiten la misma señal. Cuando combinamos una emoción elevada con un corazón abierto, y una intención consciente con un pensamiento claro, hacemos que el campo nos responda de forma asombrosa.

El campo cuántico no responde a lo que queremos, sino a quienes somos.

Que estés bien…

Lorena

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