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Alimentación consciente

Ya lo decía Hipócrates:

“Que tu alimento sea tu medicina y tu medicina tu alimento”

George Ohsawa fue un filósofo japonés fundador del sistema de enseñanzas conocido con el nombre de “macrobiótica”.

Durante su adolescencia, enfermó de tuberculosis (enfermedad de la que habían muerto varios miembros de su familia), pero él se salvó utilizando el sistema desarrollado por el Dr. Sagen Ishizuka, que se basaba en curar las enfermedades sin utilizar medicamentos, tan sólo equilibrando a través de la alimentación, la relación entre el sodio y el potasio.
Los principios de Ishizuka tuvieron mucho éxito, en el fondo eran una adaptación científica de la antigua tradición médica oriental basada en el principio de equilibrio entre el Yin y el Yang.

Ohsawa profundizó este método y lo amplió a través de sus propios estudios e investigaciones, creando lo que se convirtió en la macrobiótica: un sistema tanto filosófico como práctico que pretende ayudar a desarrollar el entendimiento humano y así, se dedicó a transmitir sus enseñanzas a través de cursos, libros y publicaciones. Ohsawa enseñaba lo que él denominaba “El principio único” o principio último del funcionamiento del universo.

La cosmología oriental en la cual se basa, parte de la constatación de la existencia de dos fuerzas primordiales, opuestas pero complementarias (El Yin y el Yang en chino, o Tamas – Rajas en la India) que, con sus interacciones, crean todos los fenómenos del mundo finito o manifestado.


Es decir, la ambivalencia de cada cosa, de cada situación, de cada estado de espíritu. O, dicho de otra manera, todas las cosas tienen dos polos y contienen su contrario o su opuesto: Día-noche, hombre-mujer, guerra-paz, etc. Se puede aplicar este principio a todos los momentos de la vida diaria, en nuestras relaciones familiares, en nuestra pareja, en nuestra vida social y política, pues es el fundamento de nuestra existencia, está en la naturaleza de las cosas y puede servir como norma universal.

Estas dos fuerzas serían la manifestación del Uno que buscan continuamente el equilibrio con el fin de volver a la unidad.

Todo es una diferenciación del Uno infinito.

• Nada es idéntico.
• Todo fenómeno es efímero y está transformándose constantemente, cambiando su polaridad de yin a yang o viceversa.
•Los elementos antagónicos son complementarios, es decir, forman una unidad.
•Lo que tiene cara tiene dorso, y cuanto mayor es la cara, mayor es el dorso.
•Todo lo que tiene principio tiene fin.
•Yin y yang se manifiestan continuamente desde el eterno movimiento del infinito universal.

Nada es totalmente yin o totalmente yang. Cualquier fenómeno es una combinación de las dos energías en distintas proporciones, las cuales, además, varían constantemente.
El equilibrio absoluto no existe, sino que, en los fenómenos, situaciones o sistemas estables se da un equilibrio dinámico que representa muy bien el símbolo del infinito del Yin-Yang.

Otras dos leyes fundamentales rigen a ambas fuerzas: por una parte, lo yin repele lo yin y lo yang repele lo yang y, por otra, lo extremadamente yin produce yang y lo extremadamente yang produce yin.
Como luego se verá, también los alimentos tienen ese carácter bipolar: unos son más yin y otros son más yang, y, en función de esto, producen determinados efectos a nivel mental, emocional u orgánico.

Ohsawa incidía en la importancia e influencia que ejerce la alimentación no sólo sobre la salud física, sino también sobre el comportamiento y el entendimiento de las personas y consideraba el hecho de obtener una “buena salud” como la base fundamental para desarrollar un juicio capaz de poder captar la globalidad o la realidad. Su noción de “buena salud” no tiene nada que ver con sentirse bien o no estar enfermo, sino con alcanzar un estado que permita vivir de manera “libre” e “independiente”.

Con este fin, clasificó los alimentos en Yin y Yang y propuso pautas que le permitieran a cada uno encontrar una dieta equilibrada adaptada a su caso en base a su propia experiencia, desarrollando una extensa farmacopea (que se puede encontrar en alguna de los numerosos libros que publicó).

Su enseñanza no hace ninguna prohibición, aconseja tan sólo la aplicación de las leyes universales a la vida de cada día y a la comida en particular, insistiendo en que las cosas no se tienen que creer ciegamente sino que hace falta experimentarlas y comprenderlas por uno mismo (esto me encanta). En sus palabras:

“Confiad sólo en vosotros mismos, en vuestro juicio supremo, seguid vuestro propio camino. No os fieis de ningún Maestro. Escuchad, practicad, constatad y comprended por vosotros mismos.

¡Sed libres!”

Pretendía sacudir a la gente, poniéndola cara a cara con ella misma para “despertarla” y ayudarla a desarrollar su propio juicio.
Sus principios están basados en el vínculo entre cuerpo y espíritu, admitido desde hace miles de años por las religiones de Oriente y que empieza a ser tenido en cuenta por nuestra medicina.

La macrobiótica no es una medicina empírica de origen popular, sino la aplicación a la vida diaria de los principios de la filosofía oriental.
Es la puesta en práctica de una concepción dialéctica del universo con 5000 años de antigüedad y que muestra el camino a la felicidad a través de la salud.
Pues según sus enseñanzas, hay diez maneras de comer y beber que permiten lograr una buena salud consiguiendo el equilibrio Yin-Yang:

1) No tomes alimentos ni bebidas industriales como azúcar, bebidas envasadas, alimentos con colorantes químicos, huevos no fertilizados o conservas.

2) Cocina los alimentos según los principios macrobióticos; es decir, con aceite vegetal o agua. Sala con sal marina no refinada ni enriquecida.

3) A medida que tu condición física y moral vaya mejorando y comprendas mejor el principio Yin-Yang, puedes ir probando los regímenes que están más abajo en la tabla, pero con mucha prudencia. Puedes seguir con los regímenes que están por encima del 3 tanto tiempo como quieras sin ningún peligro, pero si no te encuentras mejor (puedes comprobar tu estado de vez en cuando según las siete normas mencionadas anteriormente), vuelve al nº 7 durante una o dos semanas, o incluso más tiempo.

4) No comas frutas ni verduras cultivadas y tratadas con abonos químicos o insecticidas.

5) No tomes alimentos que vengan de una región alejada de aquella en la que vives (con algunas excepciones).

6) No comas verduras fuera de su estación.

7) Evita en lo posible las hortalizas más Yin como las patatas, los tomates y las berenjenas.

8) No tomes especias ni ingredientes químicos, a excepción de la sal natural, las salsas macrobióticas y el miso (ver nº 20), que encontrarás en tiendas de productos naturales.

9) El café está prohibido. No tomes té con colorantes cancerígenos.Solo están permitidos el té chino natural y el té japonés.

10) Casi todos los alimentos que provienen de animales domésticos como la mantequilla, el queso y la leche o las carnes de pollo, de cerdo, de buey etc., son tratadas con productos químicos, mientras que la mayoría de los animales salvajes como pájaros o moluscos, son puros.

Hasta aquí, las teorías de Ohsawa, que me sirven para introducir conceptos como Yin-Yang, espíritu, universo: Energía y aquí es donde quería llegar, porque al igual que todo en el universo es energía, por supuesto, los alimentos son fundamentalmente energía.

El tipo de alimentación que convencionalmente se ha seguido en Occidente en los últimos treinta años se basa en el consumo prioritario de proteína animal y productos manufacturados y refinados-está hoy seriamente cuestionado y es el origen de numerosas enfermedades, entre ellas el cáncer ( sobre esto hay cientos de publicaciones científicas, hace unos meses yo di una conferencia en la que se trataba precisamente de cómo este exceso de alimentos procesados nos encarecía de elementos fundamentales como ácidos grasos insaturados y las consecuencias que esto tenía sobre la salud, concretamente en el desarrollo de enfermedades como el cáncer pero también muchas otras patologías inflamatorias).

Pero no son únicamente elementos los que nos faltan, sino que hay muchos que nos sobran, la forma en que se alimenta a los animales destinados al consumo humano, (a llevado a mucha gente a preguntarse qué otras fuentes proteicas alternativas y seguras existen), el uso intensivo de abonos, insecticidas y pesticidas que ha desgastado de forma importante las tierras de cultivo, por lo que ahora incorporamos en nuestra dieta se una manera muy reducida elementos fundamentales como el magnesio, por ejemplo. A esto se le suma el deterioro de las aguas marinas, fruto de la contaminación.

Los alimentos no sólo cumplen con una serie de aspectos bioquímicos (calorías, vitaminas, etc.), sino que responden a características energéticas. Estas características pueden ser fácilmente percibidas por personas “sensibles”, incluso se puede testar kinesiológicamente, si una persona sostiene azúcar blanco procesado en su mano, o simplemente se pone un poco en la boca, dará una respuesta muscular débil inmediata. Yo lo he comprobado, además de poder percibirlo energéticamente.

Los alimentos tienen efecto sobre nuestro psiquismo, (hay determinadas sustancias que yo no puedo ni tener cerca, y alimentos muy densos que cuando los ingiero merman muchísimo mi sensibilidad y otras capacidades), tienen efectos sobre nuestro sistema energético corporal y sobre nuestra salud en general, y están relacionados con distintos tipos de enfermedades o tienen propiedades curativas.

El resultado de cambiar nuestra dieta es casi inmediato, se nota en pocas semanas.

Cuando comes “con conciencia”, mejora tu energía, mejora tu digestión y mejora tu estado mental y emocional.

Un ejemplo simple: si una persona está dispersa, asténica y baja de ánimo, es decir, se encuentra en una fase yin, será conveniente que tome, por ejemplo, alimentos salados, concentrados y tostados, que producen efectos yang.

Energía terrestre y energía celeste

Todos los fenómenos que se producen en nuestro planeta lo hacen en el encuentro de dos clases de energías, las terrestres y las celestes.
Las energías terrestres son yin: verticales, ascendentes y centrífugas.
Las energías celestes, son yang: verticales, descendentes y centrípetas.

En la confluencia, en el choque de esas dos fuerzas, se genera y se desarrolla, sin ir más lejos, la VIDA.

Cuando predomina la energía celeste, hay un predominio del mundo inorgánico, si la energía terrestre aumenta, aparece el mundo orgánico, lo que nosotros llamamos “la materia”. Por ejemplo, los minerales, tienden a cristalizar, a organizarse ocupando el mínimo espacio y la menor energía posibles: son yang estructurado, centrípeto, condensado.

Por el contrario, el mundo orgánico crece por inhibición,tiende a la expansión, y gracias a la energía terrestre satisface ocupar cuanto más espacio mejor. Podemos comprobarlo remitiéndonos al crecimiento de las plantas, vertical y ascendente. Incluso las plantas que aparentemente crecen horizontalmente lo hacen en realidad hacia arriba. Claro que las raíces crecen hacia abajo, yin y yang siempre coexisten, pero la tendencia dominante en las plantas es el crecimiento hacia arriba y hacia fuera.

Dentro del mundo orgánico existen diferencias entre el mundo vegetal y el animal.

Las células de los animales (yang) son más condensadas que las de los vegetales (yin) y por lo general, el mundo animal se rige por una tendencia más centrípeta y aglutinadora que la que gobierna el mundo vegetal, que es expansiva. Esto se debe a que los animales tienen mayor proporción de energía celeste.

La energía terrestre, (centrífuga y yin), es fruto de la rotación del planeta y alcanza su punto máximo en los trópicos donde crecen grandes árboles de grandes hoja y grandes insectos. La energía de la Tierra produce abundancia y diversidad de seres. Por el contrario, la energía celeste, centrípeta y yang, predomina en los polos, donde la vida tiene mayores dificultades para desarrollarse: hay menor variedad de especies, con predominio absoluto de animales -osos, focas…-, y las especies vegetales que empiezan a surgir conforme nos alejamos de los polos cuentan con características celestes -dureza, hojas pequeñas, más raíces y mayor condensación y resistencia que en los trópicos.

En los polos el mundo es más vibracional y energético (auroras boreales) que en el ecuador, donde hay más manifestaciones físicas materiales.

Dentro del mundo orgánico, el vegetal es más yin: expansivo pasivo y frío

Lo animal es más yang: compacto, activo y caliente.

Como en los polos la energía predominante es yang, según nos acercamos a ellos van desapareciendo los vegetales. Al invertir la dirección hacia el ecuador la diversidad vegetal, aumenta, y los árboles son cada vez más altos (más energía yin de la Tierra).
Al contrario que las plantas, que reciben principalmente su energía de la tierra, a la que están arraigadas, los seres humanos, como animales que somos, tomamos más energía del cielo que de la tierra. Somos, de hecho, el animal que más energía celeste es capaz de captar.

La proporción entre energía celeste y energía terrestre de que estamos cargados es, aproximadamente, de 7 a 1.

La energía terrestre entra en el cuerpo humano por los pies y por el perineo; la celeste entra principalmente por la cabeza. Ambas circulan por un mismo canal central y van cargando nuestros chakras los cuales a su vez la distribuyen a través de nuestros nadis o meridianos internos y externos por todo el organismo.

La energía sufre en ese trayecto un proceso progresivo de materialización, de más sutil a más densa, que alcanza su culminación en la linfa y las células (más info sobre chakras).

El desarrollo de nuestra conciencia está en relación directa con nuestro grado de percepción de este movimiento energético interior.

La energía recorre constantemente nuestro cuerpo; pero muchos no son conscientes de la mayoría del recorrido que hace y sólo son capaces de identificar la vibración corporal y algunas sensaciones que se corresponden con la faceta más externa y más materializada de nuestra corporalidad.

El desarrollo de la conciencia tiene que ver con un avance en la capacidad de percibir esa energía en sus recorridos más interiores, lo que conlleva una amplitud de los estados de conciencia, tanto más sutiles cuanto más alta sea la frecuencia de la energía y para que esto sea posible hay que tener la capacidad de dirigir la conciencia hacia nuestro interior.

Cuanto mayor se haga nuestra capacidad de dirigir la conciencia hacia dentro, más capaces seremos de percibir recorridos profundos de la energía y una alimentación adecuada puede ayudar a potenciar nuestra conciencia haciendo que su vibración sea más refinada, de modo que pueda percibir el paso de la energía por los canales más sutiles.

Cuando la frecuencia y calidad vibratoria de la alimentación es “densa”, como en el caso de la carne, uno nota solamente los efectos físicos y emocionales “densos” que produce comer de esa manera.

Por esto es muy habitual que cuando uno empieza un camino de auto-conocimiento o de desarrollo espiritual, conforme va ampliando su nivel de conciencia, o de “desperticidad”, cambia radicalmente sus hábitos alimentarios, y empieza a haber alimentos que directamente ya no te apetece consumir, porque no te hacen bien, porque su energía ya no resuena contigo.

En cambio, cuando se toman alimentos de frecuencias más finas y sutiles, se adquiere también la capacidad de percibir lo más fino y sutil.

De modo que cuando busquemos aumentar el desarrollo o la potencia de nuestra conciencia, nuestra dieta debe ser simple y estar basada en granos integrales de buena calidad, verduras poco cocinadas, legumbres, algas, alimentos que sean finos y suaves, que promuevan digestiones fáciles pero consistentes y que no requieran de una gran inversión energética para ser digeridos, y así que la energía pueda moverse con libertad por todo el organismo sin acumularse en la zona digestiva y lo cargue de energía celeste que a su vez facilitará la interiorización gracias a su naturaleza centrípeta.

¡Comamos energía! y desarrollemos nuestra conciencia, será la única manera de ir hacia un mundo un poquito mejor.

Que estés bien,

Lorena

Fuentes:

El Zen macrobiótico. George Ohsawa
La combinación de los alimentos. Dr. Herbert M. Shelton
La alimentación y las emociones. Montse Bradford
Nutrición energética. Dr. Jorge Pérez Calvo

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4 Comments

  • enerypp
    28 junio, 2014 at 12:31 pm

    Muy buen artículo!

  • Mariluz
    22 octubre, 2014 at 10:41 am

    Hola, Lorena. Muy interesante el artículo, es muy útil!! Quería comentarte una duda, me dijeron una vez en úna farmacia y posteriormente leí que hay que tener cuidado con el exceso de vitamina E porque se acumula en el hígado, sabes algo de esto?

    Muchas gracias
    Mariluz

  • Lorena S.
    23 octubre, 2014 at 6:49 am

    Hola Mariluz!,

    Es una pregunta muy interesante.
    Te recomiendo que leas el siguiente análisis:
    http://www.aentoc.es/?q=node/195
    No es lo mismo hablar de “dosis diaria recomendada”, “dosis terapéutica” o “cantidad máxima tolerable”
    Es un tema “escabroso” como diría Linus Pauling.
    Te recomiendo que hagas tu propia investigación,y desarrolles tu propio criterio.
    Creo que tu pregunta viene a colación de la entrada “Eterna Juventud”, aunque el comentario está en “Conciencia y alimentación”, no estoy segura entonces de si has leído la primera, habla sobre las investigaciones del doble premio Nobel Linus Pauling sobre las megadosis de vitaminas.
    Si no la has leído te animo a que lo hagas.
    Un abrazo!

    Lorena. S.

  • Mariluz
    24 octubre, 2014 at 1:28 pm

    Gracias, Lorena por tu respuesta. Sí que es un tema delicado, leeré el enlace que me dices con detenimiento…

    Si, el comentario venía por el otro post, me equivoqué el sitio donde lo escribí.

    Un abrazo
    Mariluz

Me encantaría saber tu opinión